Juan B. Bergua – El Origen de Su Editorial

A lo largo de los años se han recibido numerosas peticiones para incluir una biografía de Juan Bautista Bergua como prólogo de una de las muchas reediciones de su obra. Esperamos que estas breves notas sobre su vida y obra cumplan esta función.

Ediciones Ibéricas fue hasta 1939 la Librería-Editorial Bergua, fundada por Juan Bautista Bergua en 1927. Tenía su sede en Mariana Pineda, calle a la que, siguiendo las consignas de la época, cambiaron en 1939 a Maestro Victoria. En 1879 su padre, Juan Bergua López había abierto la Librería Bergua en el número 9, hoy parte de unas prestigiosas galerías comerciales.

Juan Bautista Bergua Olavarrieta nació en Madrid, Marzo de 1892, y si hay una característica general que le pudiera definir, sería el haber sido dotado de una memoria asombrosa. A los 16 años empieza la carrera de abogado que acaba en dos años –entonces, las titulaciones que no requerían cursos prácticos, no tenían más limitación que aprobar todas las asignaturas, obteniendo a continuación una beca del Consejo de Estado para estudiar Legislación Comparada en París. Consecuencia de sus dotes de memoria era, sin duda, su capacidad asombrosa para los idiomas. En España había estudiado por su cuenta francés, inglés y alemán durante el bachillerato, el Grado que decían entonces, además de latín y griego, y cuando llega a París es la época del gran Meillet, de Salomon Reinach y de Sylvain Levi. Las clases de estos maestros no las sigue, las absorbe; probablemente los estudios sobre Legislación Comparada no avanzaran mucho pero, por azares del destino, jamás ejercería luego la abogacía. En París dedica especial atención a las lenguas orientales, en particular al sánscrito, su gran afición. Decía Juan Bautista Bergua que de todas las grandes obras de la humanidad existían, ya en su época, traducciones bilingües al inglés, francés o alemán, pero que no se podía hacer una nueva traducción fidedigna sin recurrir al original. La forma y estilo personal de cada autor, modismos, aliteraciones, giros, etc., son imposibles de reproducir en otra lengua con sintaxis, palabras y sonidos distintos, salvo que se pueda acudir con conocimiento profundo al original. Quién puede, por ejemplo, imaginar una Ilíada sin sus “cóncavas naves”.

Desgraciadamente aquellos años felices de su primera estancia en París acaban bruscamente. Aunque su madre y hermana, su hermano José era aún niño, tratan de evitarle la triste realidad, su padre se muere de cáncer y sólo le llaman cuando ya no hay esperanza: Llega a Madrid para verle morir 20 días después. Se encuentra así con una madre, que jamás se había ocupado de otra cosa que no fuera el hogar, una hermana, que aparecía en las revistas de la época como la mujer más guapa de Madrid y acostumbrada a vivir en consecuencia, un hermano aún niño, y un negocio del que ignoraba todo y no se había ocupado jamás. En aquel tiempo sólo un tercio de las ventas de las librerías provenían de libros de nueva edición, el resto era producto de la reventa de ediciones de bibliófilo, generalmente de lujo, de bibliotecas particulares que, en la mayoría de los casos, sólo eran decoración para aparentar una cultura inexistente. Solían venderse al fallecimiento de los propietarios. Estas reventas de libros bellamente encuadernados, constituían la mayor parte de las ventas de las librerías. El padre, Juan Bergua López, era un maestro de la compraventa, pero para Juan Bautista era un mundo nuevo. En su breve nota autobiográfica en la Historia de las Religiones, comenta: “…requería una pericia que sólo adquirí a fuerza de tiempo, equivocaciones y pérdidas.”. Se juntaba a lo anterior los gastos de mantenimiento de la enorme finca de Getafe. Estaba ésta junto a lo que hoy es el campo de fútbol, entonces una era, y Juan Bergua López, la había comprado, chalet incluído, porque le gustaba tener frutales que cuidaba personalmente. Había nacido en Sallent de Gállego y añoraba su juventud campesina. Esta finca había de condicionar gran parte de la vida de Juan Bautista. Situada a la entrada del pueblo, a media hora de Madrid en tren o autobús, los domingos era lugar de reunión de amigos y compañeros donde, ayudados sin duda por la buena mesa y el Rioja generoso resolvían, escuchando el crepitar de la chimenea o el canto de los pájaros, según la estación, los problemas del país y del mundo.

Su primera novela, Aventuras de Mackena, fue publicada por El Imparcial. Había sido primer premio de un concurso del propio periódico y tuvo, primero como fascículos y luego como libro, un gran éxito. Era una novela de tipo Agente 007, sin pretensión moral o política alguna que, probablemente, incluso hoy tuviera éxito puesta al día con aviones, por ejemplo, que fueran a más de 100 Km por hora, velocidad entonces impresionante. Le sigue Ojos claros serenos, asimismo un primer premio de Parisiana. Se aventura también en el teatro, con Cómo se hace un hombre, sainete con música del maestro Guerrero, pero la dura realidad es que toda esta actividad podía dar fama, pero no generaba recursos suficientes. En 1927 decide fundar la Librería-Editorial Bergua.

De su experiencia en París deduce que hay tres mercados para el libro, que su conocimiento de idiomas le permitiría explotar. El libro muy barato, poco más que un manual de instrucciones, que explicaba como realizar en casa los trabajos y aficiones más corrientes, desde como criar gusanos de seda hasta como poner un enchufe eléctrico. Era la Pequeña Enciclopedia Práctica, que se vendía a 1 Pta (0,006 €). La mayoría de los textos, de unas 60-70 páginas, están sacados mezclando trozos de publicaciones francesas, inglesas y alemanas, luego revisadas por especialistas. Aparecían con frecuencia como autores, su hermano José, él, ambos, o con pseudónimo para disimular tanto refrito. Juan Bautista llamaba a esta colección la Pequeña Enciclopedia Alimentaria.

La segunda colección, la Biblioteca Varía, eran libros también baratos, pero orientados al entretenimiento en general, no sólo a oficios o prácticas caseras. Estaba formada por títulos encargados a expertos en la materia, como el Manual de Ajedrez, de Emilio Mola (el general Mola, gran ajedrecista) y, a veces, de creación propia. Se vendían a 2 Pta (0,012 €). Para entender el éxito de esta colección de libros, hay que recordar que en la sociedad de la época, las familias y personas de nivel medio o elevado, pasaban las tardes en tertulias caseras o de café. El cine estaba en sus albores y el teatro sólo estaba al alcance de una minoría. El primer entretenimiento masivo asequible, el cine, excepto en las grandes ciudades, es una actividad limitada al fin de semana y la radio es un acompañamiento de las tareas del hogar, no un entretenimiento alternativo. La diversión principal sigue siendo la tertulia y los libros de entretenimientos de salón, citas clásicas, chistes, etc., gozaban de un gran mercado, siempre que ofrecieran una lectura fácil. Esto es lo que explotaba la colección Biblioteca Varia.

La actividad del 29 al 35 es frenética. Juan Bautista Bergua llega a preparar un libro por semana. Escribía siempre a máquina, hasta las doce, comía de manera frugal y se iba a la librería de Mariana Pineda. El eslogan de la Librería Bergua era: “un nuevo libro cada mes”.

La tercera colección era la Biblioteca de Bolsillo, orientada a introducir en castellano las grandes obras de la cultura universal. Eran libros para llevar en el bolsillo literalmente y leer en cualquier rato libre y también, para poder formar sin grandes gastos una biblioteca culta. El objetivo era hacer posible que la lectura dejara de ser una afición elitista. Muy bien editados para su precio, 2,50 Pta (0,015 €) en rústica y 4 Pta (0,024 €) encuadernados en tela o ante, estaban al alcance de un salario modesto de 5 Pta/día (0,03 €/día). Fue en esta colección donde verdaderamente arriesgó al hacer grandes tiradas para abaratar costes e invirtiendo los limitados recursos que le quedaban. Tuvo un gran éxito, quizá por venir a llenar un vano de la España de los 30. Como decía el mismo Juan Bautista Bergua: “Es increíble que en España no haya más que ediciones  caras, casi de lujo, de los grandes hitos de la cultura universal, como el Origen de las especies, o la Crítica de la razón pura”. Tristemente tuvo que comprobar pocos años después, que el gran éxito de la Biblioteca de Bolsillo promoviendo la cultura a un precio asequible, sólo fue posible porque en 1931 se había instaurado una República. Duró lo que ésta. Luego se habría de volver a la Edad Media con la Cruzada, a la Inquisición con la Censura, y a la prisión o el exilio de los vencidos.

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